AGRICULTURAS

El huerto te enseña a fluir con la vida

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En su huerto social de Benicarló, Mariano Bueno constata día a día cómo tocar y cultivar la tierra transforma la vida de las personas.

Es uno de los pioneros en divulgar los beneficios de la agricultura ecológica y autor de El huerto familiar ecológico (Ed. RBA). Gracias a su chispeante inquietud intelectual, es también experto en geobiología, bioconstrucción y todo tipo de alternativas de vida saludable. Todo ese ajetreo vital lo compensa descalzándose y trabajando la tierra. Con eso, dice, «se te cura todo».

¿Cuidar un huerto es también cuidar de la salud?

Aparte de proveernos de alimentos frescos de gran calidad nutricional y saludables, cinco minutos de contacto con el «verde» al día pueden mejorar la salud física y mental. De hecho, un estudio de la Universidad de Essex en 2011 indica que actividades como cultivar un huerto o cuidar el jardín tienen efectos beneficiosos sobre la presión arterial y el sistema cardiovascular, al tiempo que pueden mejorar la autoestima y el humor, y favorecen una buena salud mental.

¿Ayuda a equilibrar la mente y las emociones?

Los huertos son espacios vivos en donde continuamente se producen imbricadas interrelaciones entre seres humanos, animales, plantas y una miríada de microorganismos esenciales para la vida. Si nos tomamos el tiempo de profundizar, quizás descubramos que somos seres biológicos estrechamente vinculados a la tierra y el entorno natural en el que nos hemos desarrollado durante milenios. Cuando nos alejamos de la naturaleza verde y viva, entramos en procesos de desequilibrio físico y emocional, y también espiritual. Quizás por ello resulta tan positivo, terapéutico y sanador tocar la tierra, ver verde o cultivar plantas con nuestras manos. A fin de cuentas, la naturaleza está en la esencia de nuestra existencia.

¿Qué nos enseña el huerto que nos sirva como aprendizaje vital?

Que la vida es un constante fluir, todo es continua mutación y cambio. Nada perdura en el tiempo. Aunque, al mismo tiempo, descubres que la vida se perpetúa sin cesar y que siempre lo hace de forma positiva y en abundancia. También aprendes a tener paciencia. A la mayoría de las plantas les sienta fatal que las intentes forzar con sustancias químicas solubles o que las agobies con tus absurdas prisas. La enseñanza más clara tiene que ver con la plácida aceptación de lo que cada día te trae la vida, ya que por duro y frío que sea el invierno, siempre le sigue una suave y luminosa primavera. Y aunque la tormenta o el granizo arrasen tus cultivos, vuelves a sembrar y al poco todo reverdece y te colma de frutos y alegrías.

¿Es cierto que también potencia la creatividad?

Si trabajas realizando tareas repetitivas, como en una fábrica o en una oficina, tienes pocas opciones de desarrollar tu creatividad; pero cuando cultivas un huerto en el que conviven de 15 a 30 tipos de plantas hortícolas diferentes, algunas muy vitales y de ciclos rápidos, como los rabanitos, y otras que se desarrollan muy lentamente, como las zanahorias, o las que quieren mucho sol y las que no lo toleran… no te queda más remedio que elaborar una serie de estrategias. Sin buscarlo, vas desarrollando dinámicas creativas que mantienen tu mente muy despierta y creativa, resultando una excelente terapia preventiva para enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

¿Cuál ha sido tu experiencia enseñando horticultura y jardinería en L’Hort de les Flors?

Disfrutar del cultivo de hortalizas era algo consustancial en mi vida. No fui realmente consciente de su trascendencia y efectos positivos y sanadores hasta que me impliqué en el huerto social L’Hort de les Flors. Las caras de felicidad que ves allí o los testimonios de quienes han mejorado su salud desde que comen los alimentos sanos y ecológicos que ellos mismos cultivan resultan muy gratificantes. Que personas mayores te cuenten que es la experiencia más maravillosa de su vida, o cuando ves la cara de satisfacción en los jóvenes con discapacidades físicas o psíquicas, entrevés la amplitud de los efectos terapéuticos que se dan allí cada día.

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¿Algún caso concreto que puedas explicarnos?

Tenemos un hortelano ya mayor que había trabajado en la banca toda su vida. Una prejubilación lo sumió en una depresión. Hoy quizás sea el hortelano más vital y feliz de L’Hort de les Flors. Siempre le encuentras con la sonrisa en los labios y expresando agradecimiento por la suerte de poder disponer de su parcelita, tocar la tierra y comer los alimentos que cultiva. Por cierto, de su parcela salen las mejores lechugas y tomates de L’Hort de les Flors.

Algunos estudios atestiguan que también aumentan las endorfinas…

Que nos aporta numerosos momentos de felicidad es tan evidente que no precisaría estudios que lo demuestren. Y lo bueno de cultivar nuestras plantas hortícolas, aromáticas o medicinales es que la satisfacción que nos genera induce la secreción de endorfinas y dopaminas que incrementan la felicidad. Esto lo confirman los últimos estudios sobre la microbiota digestiva: han constatado que el incremento de consumo de fibras prebióticas (en la mayoría de hortalizas que crecen al aire libre) estimula determinadas bacterias del intestino grueso a que aumenten su producción de triptófano, serotonina y dopamina (hormonas de la felicidad).

¿Los médicos deberían recetar unas horas de huerto a la semana en vez de ansiolíticos?

En Japón ya recetan horas de contacto con el verde de las plantas. Incluso las empresas regalan «bonos» a sus empleados para que realicen paseos terapéuticos por jardines y por bosques.

Si tuvieras que vivir siempre en un piso de ciudad, ¿qué harías para mantener el vínculo con la tierra?

Antes de nacer mi hijo viví unos años en Castellón, en un 11º piso, y lo tenía lleno de plantas. Cultivaba en macetas en una miniterraza de dos metros cuadrados hortalizas como rúculas, canónigos, zanahorias, rabanitos, lechugas o cebollas (aparte de albahaca y menta), y en la ventana de la cocina solía disponer unos germinadores con semillas de alfalfa, fenogreco o brócoli. Aunque lo cierto es que al poco tiempo un amigo me prestó un huertito a las afueras y pude seguir tocando la tierra con los pies descalzos.

Se equipara el trabajar en la huerta y cultivar con la meditación. ¿Has tenido momentos espirituales?

Hay momentos del día, sobre todo al amanecer y justo antes de la puesta de sol, que existe como una quietud y una luz muy especiales, y son momentos que te inducen un estado de paz interior en el que es fácil sentir que todos somos la misma energía manifestándose en formas diferentes.

Por Montse Cano

La Huerta de Antonia

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